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agosto 29, 2026¿Se está convirtiendo en adicto al trabajo?
Durante años, responder correos a cualquier hora, trabajar durante las vacaciones o permanecer conectado fuera de la jornada laboral fue considerado una señal de compromiso. Hoy, esa percepción está cambiando. Cada vez más organizaciones entienden que la disponibilidad permanente no es sinónimo de productividad y que una cultura basada en el exceso puede terminar afectando el desempeño del negocio.
La adicción al trabajo, conocida como workaholism, no se define por la cantidad de horas trabajadas, sino por la necesidad constante de estar ocupado y la dificultad para desconectarse. En estos casos, el trabajo deja de ser una actividad para convertirse en el eje alrededor del cual gira la vida personal.
Lo preocupante es que este comportamiento suele reforzarse desde la cultura organizacional. Cuando los líderes responden mensajes fuera del horario laboral, las reuniones se extienden innecesariamente o se premia a quien "siempre está disponible", se transmite la idea de que el compromiso se mide por el tiempo de conexión y no por los resultados.
Sin embargo, la evidencia apunta en otra dirección. El informe Working Time and Work-Life Balance Around the World, publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), concluye que trabajar más horas de las deseadas tiene efectos negativos sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal. Además, señala que promover jornadas sostenibles y modalidades de trabajo flexibles no solo mejora el bienestar de las personas, sino que también puede favorecer la productividad y el desempeño de las organizaciones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también advierte que las cargas de trabajo excesivas, la falta de control sobre las tareas y los entornos laborales de alta presión son factores de riesgo para la salud mental. En su actualización de 2024, el organismo estima que la depresión y la ansiedad ocasionan la pérdida de 12.000 millones de días de trabajo cada año en el mundo, con un costo cercano a un billón de dólares en productividad.
Para los líderes, el reto no consiste en lograr que las personas trabajen más tiempo, sino en construir culturas donde el alto desempeño sea sostenible. Esto implica establecer expectativas claras, respetar los espacios de desconexión, formar líderes que promuevan hábitos saludables y evaluar el desempeño por el impacto generado, no por las horas de conexión.
En un contexto donde atraer y fidelizar el talento es uno de los mayores desafíos para las empresas, promover un equilibrio saludable entre la vida personal y laboral dejó de ser una iniciativa de bienestar para convertirse en una decisión estratégica. Las organizaciones que entienden esta realidad no solo cuidan a sus equipos; también fortalecen su capacidad para innovar, adaptarse y crecer de manera sostenible.




